← Volver al blog de filosofía
Estoicismo · Filosofía práctica

Anticipar la dificultad no es ser pesimista.

Cuando hablamos de imaginar lo que puede salir mal, es fácil pensar que estamos adoptando una actitud negativa. Parece más razonable confiar en que todo irá bien y evitar pensamientos que puedan preocuparnos antes de tiempo.

Sin embargo, anticipar una dificultad no es lo mismo que darla por segura. Tampoco significa vivir esperando una desgracia.

El pesimismo nos dice que algo saldrá mal y que poco podemos hacer para evitarlo. La preparación parte de una idea distinta. Reconoce que pueden aparecer obstáculos y se pregunta cómo responderemos si llegan.

Los estoicos practicaban este ejercicio para reducir el poder de la sorpresa. Imaginaban la posibilidad de perder una comodidad, sufrir un contratiempo o encontrarse ante una situación difícil. No lo hacían para atormentarse, sino para recordar que podían prepararse y elegir su respuesta.

Esta idea resulta especialmente útil durante una oposición.

Podemos preparar un examen pensando únicamente en el escenario ideal. Llegaremos descansados, las preguntas serán razonables, recordaremos todo lo estudiado y podremos desarrollar cada respuesta sin dificultad. Ojalá ocurra así, pero sabemos que también pueden aparecer imprevistos.

Puede costarnos dormir la noche anterior. Podemos encontrar una pregunta que no esperábamos, sentir que nos quedamos en blanco o empezar el examen con más nervios de los habituales.

Cuando preparo a opositores, no busco que lleguen al examen convencidos de que todo saldrá perfecto. Prefiero que lleguen sabiendo que, aunque algo se complique, todavía podrán hacer muchas cosas.

Si una pregunta resulta difícil, pueden pasar a la siguiente y volver después. Si aparecen los nervios, pueden detenerse unos segundos, respirar y comenzar por aquello que conocen mejor. Si la noche anterior no descansan como esperaban, pueden recordar que una mala noche no borra todos los meses de trabajo.

Anticipar estas situaciones permite decidir la respuesta antes de que aparezca el miedo.

Un ejercicio sencillo para prepararnos mejor

Podemos coger una hoja y escribir tres dificultades que podrían aparecer. No hace falta imaginar todos los desastres posibles. Basta con elegir obstáculos realistas que nos preocupen.

Junto a cada dificultad escribimos qué podríamos hacer si sucediera.

Quizá no podamos impedir quedarnos momentáneamente en blanco, pero sí podemos decidir que pasaremos a otra pregunta. No podemos controlar la dificultad del examen, pero sí el orden en el que responderemos. Tampoco podemos garantizar que estaremos tranquilos, pero podemos practicar cómo actuar aunque no lo estemos.

El propósito del ejercicio no es aumentar la preocupación. Es evitar que el obstáculo nos encuentre sin ninguna respuesta.

Como expongo en Filosofía antigua como forma de vida, muchos ejercicios de la filosofía antigua no pretendían cambiar el mundo exterior. Buscaban transformar la manera en que nos preparábamos para vivirlo.

Anticipar la dificultad no nos convierte en pesimistas. Puede convertirnos en personas menos dependientes de que todo salga exactamente como habíamos imaginado.

Portada de Filosofía antigua como forma de vida

Filosofía antigua como forma de vida

Ejercicios y actitudes de estoicos, epicúreos y escépticos para gobernarnos y afrontar un mundo incierto.

Ver el libro en Amazon