La filosofía como práctica cotidiana.
Durante mucho tiempo hemos entendido la filosofía como un conjunto de teorías, autores y conceptos que deben estudiarse. Sin embargo, para muchas escuelas de la Antigüedad, filosofar significaba algo más profundo y también más exigente. Significaba aprender a vivir.
Los estoicos, los epicúreos y otras escuelas helenísticas no se limitaban a preguntarse qué es la felicidad o qué significa vivir bien. Intentaban que esas preguntas influyeran en su conducta diaria. Para ello practicaban ejercicios con los que buscaban pensar con mayor claridad, afrontar la adversidad y relacionarse de otra manera con aquello que no podían controlar.
Esta forma de entender la filosofía me resulta especialmente cercana. Después de ejercer la abogacía, pasé por el proceso de preparar y aprobar dos oposiciones. Con el tiempo también he acompañado a otros opositores en ese mismo camino. La oposición te obliga a convivir durante mucho tiempo con la incertidumbre, el cansancio y el miedo a que todo el esfuerzo realizado no sea suficiente.
Es precisamente en momentos así cuando la filosofía deja de parecer algo abstracto.
Distinguir lo que depende de nosotros
Uno de los ejemplos que expongo en Filosofía antigua como forma de vida consiste en aprender a distinguir lo que depende de nosotros de aquello que no depende de nosotros.
Pensemos en alguien que tiene el examen dentro de una semana. Mientras intenta estudiar, empieza a darle vueltas a la dificultad de las preguntas, al nivel de los demás aspirantes, al criterio del tribunal o a la posibilidad de quedarse en blanco. Nada de eso resulta extraño. Yo también sé lo fácil que es perder energía pensando en cosas que no podemos controlar.
Como expongo en el libro, un ejercicio que puede ayudar consiste en coger una hoja y dividirla en dos partes. En una de ellas escribimos aquello que depende de nosotros. Podemos decidir cómo organizamos el repaso, cuánto tiempo dedicamos a cada tema, si descansamos lo suficiente y con qué actitud afrontamos los últimos días.
En la otra parte colocamos aquello que no depende de nosotros. No podemos elegir las preguntas, controlar el criterio del tribunal, conocer el nivel de los demás aspirantes ni garantizar el resultado final.
Hacer esta distinción no significa desentenderse del resultado ni conformarse. Significa dirigir el esfuerzo hacia el único lugar en el que puede ser útil. El tiempo que dedicamos a imaginar todo lo que podría salir mal es tiempo y energía que dejamos de dedicar a aquello que todavía podemos hacer.
Este ejercicio sirve durante una oposición, pero también ante un problema profesional, una enfermedad, una relación difícil o cualquier situación marcada por la incertidumbre.
Pensar mejor para vivir mejor
La filosofía práctica no elimina las dificultades. Tampoco consigue que mantengamos siempre la calma o que tomemos todas las decisiones correctamente.
Lo que puede ofrecernos es un pequeño espacio entre lo que sucede y nuestra reacción. Nos ayuda a observar nuestros juicios, ordenar nuestros deseos y recordar cómo queremos comportarnos cuando las circunstancias se complican.
Revisar el día antes de dormir, prepararnos mentalmente para una dificultad, cuestionar una creencia que nos está haciendo daño o recordar que nuestro tiempo es limitado son ejercicios sencillos. Su valor no está en hacerlos una vez, sino en incorporarlos poco a poco a nuestra forma de vivir.
Entendida así, la filosofía no queda encerrada en los libros ni pertenece solamente a las aulas. Puede acompañarnos en una biblioteca durante una oposición, antes de tomar una decisión importante o en uno de esos días en los que sentimos que nada está bajo nuestro control.
La filosofía antigua continúa teniendo sentido porque nuestras preguntas esenciales no han cambiado demasiado. Seguimos necesitando aprender a afrontar la adversidad, utilizar bien nuestro tiempo y construir una vida que merezca la pena ser vivida.
A lo largo de Filosofía antigua como forma de vida aprenderás a reconocer y practicar ejercicios como este, concebidos no como simples ideas para recordar, sino como herramientas que podemos incorporar a la vida cotidiana.

Filosofía antigua como forma de vida
Una propuesta para recuperar los ejercicios y actitudes de la filosofía antigua y llevarlos a la vida cotidiana.
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