Cómo estudiar un tema cuando estás opositando y comprobar si realmente lo sabes
Cuando estás empezando a opositar, una de las primeras preguntas que te haces es cómo estudiar un tema. Parece una cuestión sencilla, pero de la respuesta depende buena parte de lo que vas a hacer durante los próximos meses-años.
Puedes dedicar una tarde a leer, subrayar y volver a leer. Al terminar, todo te resulta familiar. Sin embargo, cierras el libro, intentas contestar unas preguntas y descubres que no sabes explicar lo que hace un momento estabas entendiendo perfectamente.
Esto conviene comprobarlo cuanto antes. Porque si identificas estudiar con pasar horas delante del temario, puedes estar dedicando muchísimo esfuerzo y, sobre todo, tiempo —mañanas, tardes y días— a una forma de trabajar que necesitas corregir.
En este vídeo publicado en mi canal de YouTube @blogemiliocabrera os explico las técnicas que utilizaba y os muestro ejemplos reales. Después vamos a ver cómo llevarlo a un tema concreto.
Primero hay que entender qué tienes delante
En Sobre oposiciones explico mi metodología con una frase que permite recordar sus partes: «Yo También Sé Estudiar Rápido».
Cada mayúscula corresponde con una parte del proceso: 1. Trabajar el texto, 2. subrayarlo, 3. elaborar esquemas o resúmenes cuando los necesites y 4. repasar. Pero hay que entender qué hacemos en cada una de esas fases.
La primera vez que te enfrentas a un tema necesitas conocer su estructura. Qué se está explicando, cómo se ordena y qué relación tienen sus apartados.
No te obsesiones con memorizar cada detalle de la primera página antes de haber visto las siguientes. A veces una duda se resuelve al avanzar. Otras veces tendrás que anotarla y preguntarla. Lo importante es que esa primera lectura te permita comprender qué estás estudiando.
Si el tema explica un procedimiento, por ejemplo, conviene que puedas identificar cómo comienza, qué ocurre durante su tramitación y cómo termina. Después tendrás que aprender los requisitos, los plazos y las particularidades. Pero primero necesitas saber dónde encaja cada cosa.
Ahora cierra el libro y trata de recordarlo
Aquí empieza una parte del trabajo que no puedes sustituir con más subrayado.
Después de estudiar un apartado, deja de mirarlo e intenta explicarlo. ESO ES EL ESTUDIO ACTIVO VS. EL PASIVO. Puedes hacerlo en voz alta o por escrito. Yo utilizaba hojas en blanco y me obligaba a escribir lo que acababa de estudiar, muchas veces prácticamente garabateándolo.
No estaba preparando unos apuntes bonitos. Estaba comprobando si podía recuperar el contenido sin tenerlo delante.
Después volvía al tema y revisaba lo que había escrito. Qué faltaba, qué había confundido y qué había explicado mal.
Eso te obliga a trabajar. También te permite descubrir errores que pasan desapercibidos cuando relees, porque al tener la respuesta delante todo parece más sencillo.
Si te quedas en blanco, vuelve a un apartado más pequeño. Trabájalo y prueba otra vez. Poco a poco podrás unir esas partes y explicar el conjunto.
Subrayar es elegir
En una ocasión, un chico que había empezado a preparar Técnico de Hacienda me enseñó cómo estaba trabajando mis resúmenes. Había subrayado todo.
Esto lo cuento en el libro de «Sobre oposiciones» porque representa un error bastante fácil de cometer. Cuando empiezas, todo te parece importante y acabas dando el mismo tratamiento a cada línea.
Mi recomendación es hacer una primera aproximación a lápiz y reservar el color para cuando entiendas mejor el contenido. Después podrás destacar las palabras que te ayudan a recordar y, especialmente, aquellas que cambian el sentido de una pregunta.
Un «no», un «salvo», una condición o una excepción pueden ser determinantes en un examen. Lo mismo ocurre con los plazos y con los requisitos que confundes entre dos supuestos parecidos.
El subrayado debería ayudarte cuando vuelvas al tema. Si has señalado todo, tendrás que volver a decidir qué era lo importante.
Haz esquemas cuando te ayuden a estudiar
Yo elaboré mis propios resúmenes y también utilicé esquemas y, de forma más puntual, tarjetas de memoria. Cada herramienta me servía para una cosa.
Un esquema puede ayudarte a ordenar una materia o comparar dos conceptos que confundes. Una tarjeta puede ser útil para recordar un detalle. Un resumen tiene más desarrollo y puede convertirse en tu herramienta de estudio.
Pero hacer un esquema también exige pensar. Si te limitas a copiar un párrafo dentro de un recuadro, conviene que te preguntes qué te está aportando ese trabajo.
Cuando se te atasque una cuestión, prueba a dividirla. Escribe sus partes, busca las diferencias y trata de explicar cómo se relacionan. No necesitas emplear todas las técnicas en todos los temas. Necesitas saber cuáles te ayudan a comprender y recordar lo que estás trabajando.
Lo que estudias hoy tendrá que volver a aparecer
No puedes dar un tema por terminado y confiar en que siga disponible dentro de unos meses.
Los repasos tienen que formar parte de la planificación. Y repasar también supone intentar recordar, no pasar otra vez los ojos por las páginas.
Vuelve al apartado, trata de explicarlo sin mirar y comprueba después cómo lo has hecho. Resuelve preguntas oficiales cuando tengas estudiada la materia correspondiente. Si fallas, revisa el motivo.
Antes de cerrar tu próxima sesión, prueba algo sencillo: elige un apartado, aparta el temario y escribe lo que recuerdas. Después compáralo con el texto.
Ahí vas a ver con bastante claridad qué sabías, qué solo te resultaba familiar y qué necesitas volver a trabajar.
Esa información te sirve para preparar la siguiente sesión. Porque estudiar una oposición exige comprobar cómo estás avanzando, no limitarte a contar las horas que llevas sentado. ESTUDIO ACTIVO, POR FAVOR.
Ánimo con el estudio y gracias por leerme.
© Emilio Cabrera. Todos los derechos reservados.
