Sobre la soledad del opositor.
Poco se habla de la soledad del opositor.
Dejo aquí un extracto que escribí nada más aprobar y que después incluí en El camino del opositor, que se ha convertido en uno de los libros para opositores más leídos.
Si no lo has leído ya, creo de corazón que El camino del opositor es un libro atemporal que puedes leer cualquiera que sea la oposición a la que te presentes y que puede darte mucha fuerza durante todo este proceso.
La soledad del opositor
Te voy a hablar de la soledad del opositor. No es fácil. Son sentimientos encontrados y habría que hablar de muchas cosas primero porque, a veces, aunque estemos acompañados, podemos sentirnos solos.
¿Nunca has tenido esa sensación?
Soledad es sentirse solo por muy acompañado que estés. Y hay veces que la soledad duele más cuando estás acompañado. Pero opositando te haces consciente, a golpe de rutina, codos y más codos, de que tú eres la única persona que realmente puede ayudarte a convertir tus sueños en metas y tus objetivos en logros. Eres la persona con la que más tiempo vas a pasar en toda tu vida y, en la batalla diaria de la oposición, la única persona a la que tienes que vencer.
Creo que cuando eres consciente de todo lo anterior —y en el máster de la vida que son las oposiciones lo acabas siendo— estar solo no es una sensación negativa. El camino del opositor es un camino de resiliencia, de superarse, ser fuerte y perseverar.
Así que disfrútalo, por muy loco que pueda sonar esto que te estoy diciendo. Te lo cuento desde la experiencia. Saboréalo. Aprende de esos momentos contigo. Siéntete orgulloso de luchar por tus sueños, enorgullécete de ti mismo. Cuídate, quiérete mucho.
Estar solo no es nada malo. Al revés, es el comienzo de un romance que durará toda la vida.
«Si sientes un poco de soledad, te diría que te acercaras a cualquier biblioteca de esas que abren en verano. Casi todos los que están allí son opositores».
Habrás leído que el segundo viaje que hice después de aprobar la oposición fue por Estados Unidos. Me recorrí toda la costa este yo solo. Difícilmente hubiera hecho algo así si no me hubiera enfrentado a una experiencia tan drástica como las oposiciones. Seguramente no me hubiera atrevido a viajar solo y no me hubiera conocido como ahora.
Créeme, las oposiciones te van a cambiar la vida y tú decides que sea para bien. Opositar puede ser uno de los momentos más dulces. Difícilmente igualarás el sabor de la satisfacción que se obtiene cuando consigues un sueño convertido en meta.
¿Qué me dices de esa sensación de plenitud que se tiene cuando estás totalmente enchufado al temario, cuando eres capaz de llevar los temas perfectos o te salen bien los simulacros de examen? Al final acabarás encontrándole el gusto a estudiar y, cuando estés en el otro lado, como yo, lo recordarás con nostalgia.
«No conozco a ninguna persona que, habiendo aprobado la oposición, no mire con nostalgia sus años de opositor. El esfuerzo es titánico, pero la recompensa que te da esa etapa también lo es. Por eso a veces la echamos de menos. Disfrútalo. Sé feliz mientras opositas».
Pero no es todo un camino de rosas.
Recuerdo que hace no tanto tiempo estaba revisando fotos de un viaje que hice justo después de saber que había aprobado. Había pasado unos días en el Mar Rojo después de recorrer todo Egipto. Estaba revisando las fotografías en las que salía buceando con un amigo —que también había aprobado sus oposiciones a la Abogacía del Estado— junto a todo tipo de bichos espectaculares. Sencillamente, una de las mejores experiencias de mi vida.
Lo mejor de todo es que lo sabía.
A veces la gente da por supuestas ciertas cosas, pensando que es lo normal, y cuando opositas aprendes a valorar esos pequeños detalles. Imagínate estar en un gran momento y, además, saberlo. Las sensaciones eran espectaculares. Me sentía totalmente autorrealizado.
Sin darme cuenta, cambié de carpeta y me aparecieron en la pantalla del móvil fotos que había mandado por WhatsApp, las típicas fotos que mandas a diario. Fotos estudiando, fotos de los apuntes, fotos de los cafés y tonterías varias.
Las fui pasando, observándolas en silencio en la cómoda cama de aquel hotel de Hurgada, en la costa del Mar Rojo. Nunca me olvidaré de ese momento. Era plenamente consciente de lo que suponía.
El precio que había pagado había valido la pena.
Pero no seamos ilusos. El precio fue alto, muy alto. Tal vez desde donde estás ahora no lo ves con perspectiva. El precio no suponía solamente renunciar a puentes o festivos, eso era lo de menos. Hablo de soledad en mayúsculas. Comer a solas la inmensa mayoría de los días. Semanas sin ver a nadie porque me había encerrado en casa. Rupturas de pareja que se vuelven bucles infinitos en tu cabeza. Sentirse incomprendido, incluso apartado. Navidades encerrado. Tensión en casa.
Cualquiera que viese dónde estoy ahora pensaría que estoy hablando de otro mundo, pero ese era mi mundo cuando aún no había alcanzado mis objetivos, cuando todavía estaba luchando desde el barro, construyendo a base de sacrificio la vida que quería vivir.
Créeme, lo importante es confiar en ti durante las oposiciones.
Sobre todo cuando las cosas se ponen feas y nadie apuesta por ti.
Pero aquí los demás no importan. Hablamos de tu vida. Es difícil tener la mente fría cuando estás en este paréntesis, en tu burbuja de cristal dentro de esta cárcel de libertad donde todo se nos hace un mundo. Presas fáciles de bucles infinitos que no llevan a ninguna parte.
No te voy a mentir. A veces incluso perdemos el sentido de nuestra lucha.
Así es el camino.
Hoy en día hago planes que muchas personas no podrían ni hacer, no por dinero, sino por tiempo. ¿Qué valor tiene en dinero la libertad de pasar unos días de vacaciones exactamente en el momento en que quería pasarlos con uno de mis mejores amigos, superviviente también de las oposiciones?
Monetariamente poco. En términos absolutos, una fortuna. Pero me lo podía permitir porque era millonario. De hecho, lo soy.
Millonario en vida.
Imagínatelo después de venir de donde tú vienes, después de lucharlo todo cuando aún no tenía nada. Éramos, somos, jodidamente felices. Y esa es la clave de este libro. El camino bien podía llamarse La búsqueda de la felicidad.
Por eso lo estás haciendo. Esa es la clave, la incógnita de esta ecuación. Una vida que merezca la pena vivir.
Y te recuerdo que solo se vive una vez.

El camino del opositor
La versión sencilla de un libro atemporal para encontrar fuerza, perspectiva y compañía durante la oposición.
© Emilio Cabrera. Todos los derechos reservados.